Vivir en estado de muerte es la consigna, quizás. Vivir en estado de despedida; vivir dejando y siendo dejado por el mundo y las cosas habituales. Siendo dejado por las calles que nos veían, las calles que callaban y en ausencia gritan, o eso nos parece por el modo en que ensordece la falta cuando el recuerdo estrella las paredes y el presente es tan fugaz que, de no ser atenazado y paladeado, ya se hace memoria o descuido.
Aferrarse es la consigna a la que invita la muerte, quizás. Y qué otra cosa, si vivir es estar muriéndose.
Prenderse, aferrarse, afibrilarse con todas las zarpas y tendones a lo que lata, entregar todo, dejarse invadir por el pulso de lo que se está retirando sin pudor. Mirar con ojos de búho, comer como un gordo, tocar como un ciego, beber como una ostra, reírse como un estúpido. Blasfemar, como buen creyente.
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